Un royalty vitivinícola para proteger la genética de vides europeas
Un royalty vitivinícola para proteger la genética de vides europeas establecidas hace más de 100 años en Chile
Con la detección de cerezas exportadas a China y comercializadas como Rose Rainier, que en realidad correspondían a la variedad licenciada Tip Top, tras pruebas de ADN realizadas en un laboratorio chino a muestras obtenidas en destino, se produce un punto de inflexión relevante en esta materia, ya que queda en evidencia el uso no autorizado de material vegetal protegido.
Esto me motivó a escribir esta columna….
Chile posee uno de los patrimonios vitivinícolas más valiosos del mundo: material genético de vides europeas con más de 100 y, en algunos casos, más de 150 años, conservado y adaptado de manera natural en nuestro territorio por generaciones de familias vitivinícolas a lo largo del país.
Un caso emblemático es el Cabernet Sauvignon de más de 150 años encontrado en San Rosendo, un material genético único a nivel mundial. Junto a la familia que lo ha cuidado y preservado por décadas, estamos trabajando para atraer a un inversionista ángel que permita desarrollar nuevos clones de estas variedades históricas, con el objetivo de crear un royalty vitivinícola que asegure su preservación, propagación y protección. Este mecanismo busca evitar la extracción y uso de material genético sin la autorización de los legítimos custodios de estos viñedos.
La experiencia reciente de la fruticultura chilena, particularmente en el caso de las cerezas, debiera servirnos de advertencia. Material genético desarrollado, adaptado o resguardado en Chile ha sido replicado, escalado y rentabilizado a nivel global sin mecanismos claros de protección ni retribución para quienes hicieron posible ese valor. El resultado es conocido: pérdida de soberanía genética, captura del valor por terceros y exclusión de los custodios originales de la cadena de beneficios.
En la vitivinicultura, el riesgo es incluso mayor.
Familias como la Familia Espinoza de Peñaflor, en la zona de San Rosendo, han preservado de manera silenciosa viñedos de más de 150 años de Cabernet Sauvignon, Malbec, Cabernet Franc, entre otras variedades. Gracias a ese esfuerzo intergeneracional, hoy Chile es un reservorio genético excepcional. Sin embargo, sin una estrategia clara y moderna, ese capital puede diluirse en pocos años.
Por ello, resulta urgente abrir la discusión sobre un royalty vitivinícola, entendiéndolo no como una barrera, sino como una herramienta de protección, ordenamiento y desarrollo estratégico.
Un royalty vitivinícola bien diseñado permitiría:
· Financiar la creación de clones certificados de variedades históricas chilenas.
· Establecer estándares genéticos propios, basados en adaptación territorial y antigüedad, y no únicamente en productividad.
· Reconocer y retribuir a las familias y territorios custodios del patrimonio genético.
· Posicionar a Chile no solo como exportador de vino, sino como referente global en genética vitivinícola adaptada.
No se trata de cerrar el acceso al conocimiento, sino de evitar un nuevo modelo extractivo, donde el valor se genera en el territorio pero se captura fuera de él. Chile no puede seguir regalando ventajas comparativas construidas durante más de un siglo.
El royalty vitivinícola es, en el fondo, una discusión sobre soberanía agrícola, justicia intergeneracional y visión país. Proteger la genética es proteger identidad, diferenciación y futuro. Si no actuamos ahora, otros lo harán por nosotros —y no necesariamente en beneficio de Chile ni de sus familias vitivinícolas—.
La pregunta ya no es si este debate es necesario, sino cuánto patrimonio estamos dispuestos a perder antes de darlo por perdido.
Reportaje en Forbes Argentina de Juan Manuel Romero
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